“La Argentina es un psiquiátrico gigante”

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Músico, escritor, conductor o quién sabe, el hombre habla de drogas y excesos, pero a buen entendedor, hay muchísimo más detrás de eso.”La Argentina

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Andy Chango se toma una raya como si fuera un vaso de agua, arma un porro gigante y en la primera pitada asegura que el dealer es más importante que su vieja…

¡Mentira! ¡Estupidez! ¡¡Estereotipo!! ¡¡Vagancia profesional!! Eso es lo que trata de decirnos Andy cuando dice algo así como que el periodismo es una fábrica de pereza en estado de ordinariez permanente. “En la Argentina hablé de drogas antes que muchos otros y ustedes creen que soy un tipo que vive drogado. En España, en cambio, me conocen por haber sido una joven promesa del rock de la mano de Andrés (Calamaro) y de Fito (Páez)”.

Volvió a Buenos Aires por pocas semanas a raíz de la reciente muerte de su padre y de un espectáculo de “soliloquios” –detesta lo de “stand up”- llamado El hombre nada. Mas que un título, una cotidiana declaración de principios desde que él mismo eligió definirse por todo lo que no es. Así, en estado de tranquila demencia, Chango actuará el domingo en Capital y luego hará una serie presentaciones en el Interior. Después chau, gracias por todo, y boleto de regreso a la Madre Patria.

Chango es un tipo excepcional, transparente, elegante, amable, hospitalario, cálido. Cuando bebe un poco, además, prende la máquina de hacer amigos. Longilíneo y resiliente, Chango se dobla pero no rompe. Si bien es probable que no le haya dado nada demasiado especial al mundo de la música, ha sido un estupendo notero trash, un alucinado conductor radial y, en términos literarios, un acierto de la industria editorial. Lean, por favor, Indianápolis (Planeta, 2016) y aprendan a disfrutar de un diario de viaje que parece escrito a cuatro manos por Hunter Thompson y John Waters.

Lo que sigue es la charla con quien jugó al tenis frente al enemigo número uno de los centros de estudiantes: Eduardo Feinmann. Jugó y ganó. La charla transcurrirá en su casa con él acostado como un paciente lacaniano y el cronista tomando nota en una sillón apropiado.

-Hablemos un poco de tu actualidad psíquica y profesional.

​-Mi actualidad psíquica, amén de que ahora estoy sumergido en un inmenso dolor por la muerte de mi padre, se define con el nombre del espectáculo que estoy haciendo: El hombre nada.Hace tiempo que no me siento ni argentino ni español ni músico, ni escritor, ni actor, ni hincha de River. Por lo demás estoy tranquilo, bastante más que en otras épocas. Cuando era pendejo quería ser estrella de rock y levantarme un montón de minas. Hoy, con que no pase nada, es suficiente para mí. La felicidad radica en no ser molestado… Eso y un poquito de clonazepam. En cuanto a lo profesional, es un momento lindo por el unipersonal y un programa de radio en España. Volver con algo nuevo, estar en el teatro, yo solito en el camerino, vestido normal sin el disfraz de rockero… ahhhh, un placer. Además me olvidé de todo. Y cuando digo de todo es de Duro de domar, de Feinmann, de todo.

Ni argentino ni español, ni músico ni escritor, ni actor ni hincha de River: Andy Chango, el "hombre nada". (Foto: Maxi Failla)

​-¿La pasaste mal en “Duro de domar”? Chango Feroz, tu sección, estaba buenísima… 

-En la tele somos todos muñecos. No hay seres humanos. Los dos años que estuve en Duro de Domar me quemaron la cabeza. De hecho llegué a España y borré el disco duro. Yo sé que puedo trabajar en ese mundo pero me siento completamente ajeno (…) Con el correr de los meses me di cuenta de que esa televisión que yo criticaba me tenía adentro y eso hacía que el patético fuera yo, directamente yo. Formé parte de la televisión. Estuve muy metido, pero cuando me dicen “genio, Chango, le rompiste el orto a Feinmann“, me quiero matar. No me interesa ser recordado por eso. Quiero que me asocien a mis discos, a mi libro, al unipersonal…

-Hablando de “Duro de domar”, ¿Pettinato sí es de tu mundo?

-Le tengo simpatía a Sumo, yo iba a los conciertos. Roberto es un hombre bastante distante. No llegué a conocerlo ni me hice amigo. No puedo juzgarlo.

-¿Te pasa algo con todo lo que se dijo de él últimamente?

-Yo no estaba en el país, no puedo opinar. El asunto de los acosos me deja un poco perplejo, pero prefiero no hablar de casos individuales. Es un tema delicado.

-¿Sos de creer en las denuncias mediáticas?

Me considero feminista, pero tampoco me gusta el exceso y la crucifixión gratuita. Y me parece tremendo que se entre en una censura y no te permitan ni siquiera hablar en paz. O que las cruzadas se lleven a extremos. Con esto me refiero al hecho de que Jorge Rial se haya transformado en abanderado de la causa. Es lo más loco que vi en mi vida.

-Vos fuiste el antecedente menos careta que tuvo el discurso sobre la legalización de la marihuana. Unos diez años antes que el resto, te expusiste en favor del consumo recreativo sin caer en el golpe bajo de la legalización a partir del cannabis medicinal. Te saco el tema porque pareciera que después del aborto, será el debate que sigue…

-Acá todos abortamos y todos fumamos porro. Me parece absurdo que las leyes vayan por detrás de lo que va pasando. Las leyes tienen que acompañar a la población. Si la ley no acompaña, no hace más que negar la realidad. Respecto de la marihuana, cuando presenté mi primer disco solista vine a dos o tres programas de tele y dije que fumaba marihuana y tomaba cocaína. Quedé como “el falopero” para todo el resto de mi vida (…) Lo del uso medicinal de la marihuana sólo me alegra por los niños con epilepsia o, si realmente funciona, por el tema del Parkinson. Me alegro muchísmo por ellos, pero en cuanto a su legalidad, ese logro me parecería muy pequeño. La marihuana es totalmente inocua. Yo fumo desde los 13 años y puedo decirte que es la sustancia más sana que he conocido en toda mi vida: me abre el apetito, me ayuda a dormir, me hace bien….

-Parecés un tipo sensible. ¿Por que no te da vergüenza subirte a un escenario?

-Porque me tomo dos vasitos de whisky antes de subir y porque a la vergüenza la fui derrotando a fuerza de papelonesDe haber sentido vergüenza, me habría suicidado ya. Yo creo que el alcoholismo y ciertos excesos me hicieron superar ese estado… ¡Hasta Borges se tomaba una copita antes de las conferencias!

-En tu libro autobiográfico viajás por todo el país pero siempre sentís haber llegado a Morón. ¿Me podés explicar ese grado de tautología geográfica?

-Bueno, eso tiene reminiscencias con mi pasado. Mi verdadero contacto con la provincia, durante años, fue Morón. Allí teníamos una casa de fin de semana a la que fui desde mis cuatro años. Césped, mosquitos, pobreza. Todo se me vuelve parecido a Morón.

-Hay capítulos muy graciosos en los que te pertrechas con ansiolíticos y drogas blandas para, finalmente, salir a vivir un día como cualquier otro…

-Tengo mis estrategias para cada situación. Para ir al teatro como espectador, debo medicarme porque si no me levanto siempre antes de que la obra termine. Soy una persona ansiosa. El otro día fui a ver la de Cecilia Roth y Dolores Fonzi, que es buenísima, con medio clonazepam, un caladita de porro y un poquito de cerveza. Manso para poder aguantar toda la función. Igual me quedé dormido diez minutos…

-David Foster Wallace, el escritor, decía que el consumo de ciertas pastillas le hacía perder genialidad…

-Yo genialidad no creo que pierda porque no tengo, pero sí puedo asumir un sobrante de ansiedad. Esto me pasa en la Argentina más que en España. La Argentina es un psiquiátrico gigante. Llego a Ezeiza y me pongo eléctrico. En España hago deporte, camino por las montañas. Y cuando me medico es para estar normal. A mí no me interesa verme ansioso.

-¿A quién admirás?

-Lo que voy a decir sonará demagógico pero es cierto: me doy cada vez mas con la gente humilde. En Morón tengo la carnicería de Chiche. Llevo Morón en el alma.

-Pero vos sos uno de esos pibes de clase media alta que habrán ido a la Escuela del Sol, ¿no?

-Si, después evolucioné y me volví pobre (no sonríe). En cierta forma abandoné el confort familiar y en España la pasé putas, sin casa donde vivir, sin guita para comer. De hecho vivo con mi ex mujer bajo el mismo techo para ahorrar. Con ella y con nuestra hija de 15 años. Nos queremos mucho y nos llevamos muy bien.

-¿Tenés algún tipo de relación con Sabina?

-Me lo crucé pocas veces y siempre con cariño. Si nos vemos nos abrazamos y podemos tomarnos un vino, aunque no somos amigos. Es más, yo le hice alguna crítica mordaz. Creo que Sabina compuso 19 canciones y 500 letras…

– ¡Jajajajá!

-No se lo dije en la cara pero supongo que a Joaquín le causaría mucha gracia.

¿Te sentís frustrado por no haber logrado vivir de la música?

-Lo superé. En un momento fui una joven promesa con auspicio de Warner, pero de golpe la estrella de rock se estrelló contra las rocas. Tuve un par de años duros y luego me cambió la mente de manera absoluta. Ya no escucho bandas de rock. Me agobia, me aburro. Solamente voy a ver a Fito por amistad y porque disfruto ver como él disfruta.

Andy Chango se presenta con su unipersonal “El Hombre Nada” el domingo 29 de abril, a las 20 en Caras y Caretas, Sarmiento 2073).

fuente: Clarin

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